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viernes, 6 de marzo de 2015

Confesiones de un Sacerdote enamorado


BUENOS AIRES, 05 Mar. 15 / 04:20 am (ACI).- Ante el revuelo mediático en Argentina por el caso de un presbítero que abandonó el ministerio porque se enamoró, el sacerdote Fabián Castro publicó una impactante carta -que se viralizó en las redes sociales- explicando las razones por las que, pese a muchas dificultades y luchas personales, él sí elige “seguir siendo sacerdote”.

El 24 de febrero de este año, la prensa argentina difundió el caso del P. Gustavo Mendoza, un párroco de Paraná que decidió dejar el sacerdocio luego de enamorarse de una mujer y lo anunció en distintos medios. En una de sus declaraciones a un canal de televisión, Mendoza dijo que “prefiero ser un hombre feliz y no un cura amargado”.

Al día siguiente, el Padre Fabián Castro -que también sirve en la Arquidiócesis de Paraná- publicó en su blog personal un post titulado “Les voy a comunicar una noticia muy personal” escrito en clave de suspenso, en el que anuncia que “simplemente quiero decirles que quiero seguir ejerciendo el ministerio del sacerdocio en beneficio del Pueblo de Dios porque creo que Jesús me llamó para eso”.

“Y lo quiero seguir haciendo porque soy libre y a mi libertad quiero serle fiel. No se crean que soy un santo o un tipo de otro mundo. Al contrario, soy un pobre gaucho que va arrastrando el carretón de la vida como puede. No soy para nada perfecto, al contrario. Y quienes me conocen un poquito pueden dar fe de esas imperfecciones y relatarlas”.

El P. Castro subrayó que “quiero seguir siendo sacerdote, a pesar de varias cosas que me han tirado atrás muchas veces”.

El sacerdote confesó que, al igual que el P. Mendoza, “yo también me enamoré alguna vez de una mujer. Pero cuando llegó el momento de elegir entre ella y Jesús (que es a quién le había consagrado mi vida) no dudé”.

“El que no haya dudado no quiere decir que no haya llorado en los rincones con el corazón roto en mil pedazos y una angustia por querer acariciar una piel que no podía ser mía. El tiempo, y sobre todo la distancia, fueron sanando esa parte afectiva de mi corazón”.

El P. Castro remarcó que “yo no abracé el sacerdocio porque no me gustaran las mujeres o porque no quería formar una familia y tener hijos. Todo eso lo deseaba, pero lo renuncié por un amor más grande al que quería darle mi vida”.

“En el seminario fue muy fácil tomar la decisión. Con cuatro años de sacerdote tuve que volver a tomar esa decisión… y no fue tan fácil. Pero no me arrepiento ni de la primera ni de la segunda decisión… que en definitiva es la misma: abrazar libremente el celibato”.

El sacerdote añadió que “les puedo decir que el ministerio puede enfermar corporalmente. Les podría enumerar los ataques de hígado y gastritis que me dejaron los campamentos y convivencias con jóvenes… También les puedo contar que yo tengo diabetes”.

“Podemos tener problemas corporales… pero quién no los tiene. Si hoy me estuviera por ordenar y me advirtieran que en mi futuro se vendrían estos achaques corporales, no lo dudaría un instante… volvería a elegir el sacerdocio”.

El sacerdote “gaucho” recordó en su texto que ha tenido discrepancias con otros sacerdotes, laicos e incluso Obispos. “Pero todo eso no me hizo dudar de mi sacerdocio”, aseguró.

El P. Castro confesó también que “muchas veces me enojé con Dios. Porque tenía muchas excusas para abandonar el sacerdocio… pero no podía”.

“Lo del profeta, ‘me sedujiste Señor, y me dejé seducir’, me daba mucha bronca: ¿a dónde voy a huir si en definitiva vos lo sos todo para mí?”.

“Él puso su mirada sobre mí, me habló, me enamoró… y yo ya no pude ser plenamente libre de decirle que no… como todo enamorado: la libertad está en estar junto al amado”, escribió.

El P. Castro aclaró que su texto “no va contra ningún hermano sacerdote que ha dejado el ministerio. Para nada”.

“Quien ha tenido que tomar la decisión de quedarse sabe de los dramas de quién ha tomado la decisión de partir. Algunos de entre ellos eran mis amigos. Yo no soy ni quiero ser juez de ninguno de mis hermanos. Tampoco escribo para que ustedes los juzguen”.

El sacerdote argentino precisó que “este escrito habla de mí”, y añadió que “simplemente les quiero contar que hoy, libremente, sin coacción de mi Obispo, ni del Papa, ni de Doña María, elijo seguir siendo sacerdote”.

“No porque no crea en el amor o la vida clerical me sea fácil y cómoda. Simplemente elijo seguir siendo sacerdote porque me sé elegido por Dios para una tarea en su Iglesia. A esa elección yo, como muchos otros sacerdotes que no salen ni en diarios o televisiones, le quiero ser fiel”.

Al finalizar, el P. se reconoció como “un pobre tipo (lo digo de verdad)”, al tiempo que pidió “lo que pide un grande de hoy: recen por mí”.

“Pero también recen por ese cura que está al lado de ustedes, en las parroquias, en las escuelas, en los hospitales o haciendo las compras en el Súper. Ellos también necesitan de su oración. Y, muy de vez en cuando, de alguna palabrita amable o algún gesto cariñoso”.

“Es que somos hombres y no extraterrestres o ángeles. Y porque hombres, más allá de todos nuestros dramas, hay una convicción: hoy también elegimos seguir siendo sacerdotes”, concluyó.

El texto completo del P. Fabián Castro lo puede leer aquí: 


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