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viernes, 29 de marzo de 2013

LOS REQUISITOS PARA LA SALVACIÓN


¿Cuáles son los requisitos para obtener la salvación, esto es, para recibir la vida eterna?

RESPUESTA

De acuerdo con la Biblia, sólo hay un requisito para ser salvo, el cual es creer, y no hay que añadir nada; pero hay muchas personas que piensan que creer no basta y que debemos añadir algo más con el fin de ser salvos. Esto se debe a que no entienden lo que significa creer, cuál es el significado de la fe y cuál es el resultado y la expresión de una fe viva. Mientras una persona crea verdaderamente, es salva y no necesita nada más. Veamos siete condiciones que no se necesitan para obtener la salvación.

1. Creer y esperar

Algunas personas piensan que para ser salvas deben creer y luego implorar desesperadamente que Dios tenga piedad y misericordia y que les conceda ir al cielo. Pero la Biblia no dice que debemos esperar que Dios sea bondadoso con nosotros, sino que debemos creer que Dios ya nos dio la gracia. En Romanos 3:21 y 22 dice: “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, atestiguada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe de Jesucristo, para todos los que creen. Porque no hay distinción”. Cualquiera que piense que debe creer y esperar no tiene una fe verdadera y, con el tiempo, carecerá de una fe auténtica. La fe equivale a creer que lo que se cree ya se realizó. Estas personas no saben lo que significa la fe, ni conocen el corazón de Dios; simplemente se les ocurre que Dios concede Su perdón de una manera renuente y que ellos deben implorar a Dios, a tal grado que finalmente El se apiade de ellos. En realidad, Dios ya les perdonó, pues el Señor Jesús derramó Su preciosa sangre, y todos nuestros pecados fueron perdonados; por lo tanto, la obra ya se llevó a cabo y es nuestra. Al creer que el Señor murió por nosotros, la gracia de Dios se manifiesta en nosotros.

2. Creer y confesar

Algunos piensan que si una persona cree pero no confiesa a Cristo, no puede ser salva. Indudablemente, la persona que cree debe confesar a Cristo; no obstante, la salvación no se produce por la confesión, pues ésta no es una condición para ser salvo y no se recibe la salvación por confesar.
En Mateo 10:32 y 33 dice: “Pues a todo el que en Mí confiese delante de los hombres, Yo en él también confesaré delante de Mi Padre que está en los cielos; pero a cualquiera que me niegue delante de los hombres, Yo también le negaré delante de Mi Padre que está en los cielos”. Este pasaje de la Escritura no se refiere a recibir la vida eterna sino a la posición futura del hombre en el reino de los cielos y a la salvación del alma del creyente. Si una persona está dispuesta a negarse a sí misma y confesar al Señor aquí en la tierra, el Señor le confesará delante del Padre en el futuro. Esto no se refiere a la salvación eterna de una persona.
En Marcos 8:38 se hace alusión a la era del reino, diciendo: “Porque el que se avergüence de Mí y de Mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de Su Padre con los santos ángeles”. Leemos en Marcos 8:35: “Porque el que quiera salvar la vida de su alma, la perderá; y el que la pierda por causa de Mí y del evangelio, la salvará”. ¿Qué significa perder la vida del alma en la tierra? Significa estar dispuesto a dejar todo deleite del alma por causa del Señor. Cualquiera que tema ser avergonzado hoy, ciertamente será avergonzado en el futuro, pero aquel que no tema ser avergonzado por el Señor hoy, ciertamente será honrado en el futuro. Aquellos que no estén dispuestos a sufrir con el Señor hoy, se perderán la gloria del reino. Cuando el Señor establezca Su reino en la tierra, muchos perderán tal gloria. Mateo 10:32 y 33 y Marcos 8:35 y 38 se refieren al reino y no a la obtención de la vida eterna. El acceso al reino se relaciona con la conducta del creyente en la tierra hoy y si un creyente no confiesa al Señor cuando debe ante los hombres, aunque haya obtenido la vida eterna, no tendrá porción alguna en el reino.
En Romanos 10:10 leemos: “Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación”. En este versículo parece que se dijera que uno es salvo por hacer una confesión; sin embargo, debemos tener en cuenta todo el contexto. El tema de Romanos 10 es la justicia, la cual se recibe por fe. Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree (v. 4).
La fe es el requisito para obtener la justicia, ¿pero qué es la fe? Los versículos anteriores dicen que la palabra está cerca, “en tu boca y en tu corazón” y añade que si uno confiesa con la boca a Jesús como Señor y cree en su corazón que Dios le levantó de los muertos, será salvo. Esta fe incluye dos aspectos: con la boca y con el corazón. Estos dos pasos son actos de la fe, o sea que son dos aspectos de una sola cosa. Son similares a la justificación y la salvación, que también son dos aspectos de una sola cosa. La confesión audible es una expresión de la fe y ésta, a su vez, incluye la confesión. Por esta razón, la cita que sigue concluye con la fe, no con la confesión; el versículo 11 dice: “Todo aquel que en El crea, no será avergonzado”. No dice que quien crea y confiese no será avergonzado. La confesión se incluye en la fe y, por ende, está de más mencionarla. El versículo 14 dice: “¿Cómo, pues, invocarán a Aquel en el cual no han creído?” Los versículos 16 y 17 dicen: “ „Señor, ¿Quién ha creído lo que de nosotros ha oído?„ Así que la fe proviene del oír”. Ninguno de estos versículos menciona la confesión, pues ésta no es independiente de la fe, sino la expresión espontánea de ella. Entonces ¿cómo se expresa la confesión de la que aquí se habla? Confesar no significa ponerse de pie para dar un testimonio; es más parecido al clamor de un niño que busca a su mamá. Cuando una persona es salva por creer con el corazón, confiesa con la boca y espontáneamente clama: “Abba, Padre”; por lo tanto, la confesión no es un requisito adicional a la fe. La persona sólo necesita creer a fin de ser salva.

3. Confesar y hacer buenas obras

Algunas personas piensan lo siguiente: “Yo soy un pecador y necesito portarme bien. Ser salvo simplemente creyendo en Jesús es demasiado fácil; por lo tanto, yo debo creer en Jesús y además hacer buenas obras; de este modo aseguro mi salvación”. Pero la Biblia no enseña tal cosa. Aunque Dios nos salva para buenas obras, aunque fuimos “creados en Cristo Jesús para buenas obras” (Ef. 2:10) y debemos estar dispuestos para toda buena obra (2 Ti. 2:21), aún así debemos notar que las buenas obras vienen después de que somos salvos. La salvación no es el resultado de las buenas obras, ni siquiera de las buenas obras que se añaden después de creer. Así como un niño no camina antes de nacer, así mismo uno tiene que nacer de nuevo primero, y luego vienen las buenas obras. Es imposible que una persona haga buenas obras antes de nacer de nuevo.
En Romanos 4:4-6 leemos: “Ahora bien, al que obra no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino que cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras”. El salario que se le da a una persona que trabaja no se cuenta como gracia sino como deuda, ya que ella merece un pago por su buena labor; pero la fe de aquel que no labora sino que cree en el que justifica al impío, le es contada por justicia. Somos salvos por la fe y no por las obras; no es necesario añadir nada a la fe. Debemos recordar que la fe sola es suficiente. David dice que es bienaventurado “el hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras”. La palabra “sin obras” demuestra que la salvación no tiene relación alguna con las obras.
En Efesios 2:8-10 dice: “Porque por gracia habéis sido salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos Su obra maestra, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. Los versículos 8 y 9 nos dicen que somos salvos por gracia mediante la fe que Dios nos dio y no por nuestras propias obras, y en el versículo 10 leemos que Dios nos salvó para buenas obras, las cuales El preparó para nosotros. Somos salvos por gracia, mediante la fe, y después de ser salvos, debemos hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano para que nosotros las lleváramos a cabo.

4. Creer y orar

Algunos tienen la idea de que uno tiene que orar para ser salvo, y no se dan cuenta de que la salvación se obtiene por la fe, no por orar. No necesitamos pedir, porque el Señor Jesucristo ya cargó con nuestros pecados, y Dios ya nos justificó. Orar es suplicarle a Dios que haga algo, pero creer es aceptar lo que El ya hizo. Creemos que Dios juzgó a Jesucristo y que Cristo murió por nosotros. La obra realizada en la cruz cumplió plenamente la obra de redención, así que cualquiera que crea en lo que Dios ya hizo, será salvo.
Sin embargo, uno se podría preguntar: “¿No dice Romanos 10:13 que todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo? ¿No es esto una evidencia de que debemos orar para ser salvos y de que si no oramos, no lo seremos?” Leamos el versículo que le sucede: “¿Cómo, pues, invocarán a Aquel en el cual no han creído?”. Creer viene primero, e invocar después; el invocar se origina en el creer; por lo tanto, no es un requisito, ni adicional ni independiente. Creer trae consigo el invocar, y creer produce espontáneamente el invocar; de modo que, invocar en este versículo no es una oración común y corriente, sino clamar al nombre del Señor. Este concepto es semejante a lo que discutimos en la pregunta anterior sobre confesar al Señor Jesucristo audiblemente y semejante a lo dicho en 1 Corintios 12:3: “Nadie puede decir: ¡Jesús es Señor!, sino en el Espíritu Santo”. El nombre del Señor trae salvación; así que, cualquiera que invoque el nombre del Señor o proclame que Jesús es el Señor, será salvo. ¿Puede alguien decir que Jesús es el Señor sin creerlo? O ¿puede alguien que cree que Jesús es el Señor no decirlo ni invocar Su nombre? La oración no es, entonces, un requisito para ser salvo. La fe sola es el requisito.

5. Creer y ser bautizado

Algunos piensan, con justificada razón, que la salvación no depende de la esperanza, de la confesión, de las obras ni de la oración, pero que sí es necesario creer y ser bautizado para ser salvo. Este concepto también está errado. En Marcos 16:16 dice: “El que crea y sea bautizado, será salvo”. Prestemos muchas atención a lo que alude la palabra “salvo”. En la Biblia tenemos varias clases de salvación: la salvación eterna, que, como la palabra lo indica alude a heredar la vida eterna; la salvación diaria del creyente; la salvación por las aflicciones; la salvación del cuerpo; y la salvación del alma por la cual se reinará en vida con el Señor en el reino de los cielos. La salvación que se relaciona con el bautismo alude a ser salvos del mundo pecaminoso, lo cual es diferente a tener la vida eterna.
Ser bautizado significa ser rescatado de la esfera del pecado. Si una persona cree pero no ha sido bautizada, tiene vida eterna, pero a los ojos del mundo, todavía no es salva ya que debe ser bautizada y declarar que no tiene nada que ver con la esfera del pecado; de este modo, los demás reconocerán su salvación. Para obtener la vida eterna, ser libre de la condenación y recibir la salvación eterna, lo único que se requiere es creer y nada más.
La primera parte de Marcos 16:16 dice: “El que crea y sea bautizado, será salvo”, pero la segunda parte dice: “Mas el que no crea, será condenado”. Esta parte no dice que el que no crea y no sea bautizado será condenado. Para poder ser salvos de la esfera pecaminosa del mundo, debemos creer y ser bautizados, y para condenarnos, es suficiente con no creer. Es decir, el requisito para no ser condenado es simplemente creer; no es creer y ser bautizado. El criminal que estaba en la cruz no fue bautizado pero de todos modos el Señor le dijo: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. El creyó y no fue condenado; fue salvo y obtuvo la vida eterna. Por lo tanto, el bautismo no es una condición para recibir la vida eterna.

6. Creer y confesar los pecados

Algunos piensan que nuestros pecados son como tiras de papel que cuelgan de la cruz, y que cuando confesamos un pecado, la tira correspondiente a ese pecado es arrancada, pero las demás permanecen allí. La Biblia no enseña tal cosa. No quiero decir con esto que no necesitamos confesar nuestros pecados; sí debemos confesarlos, pero la confesión no es un requisito para recibir la salvación.
Algunos pueden preguntar: ¿No dice acaso 1 Juan que “si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda injusticia”? ¿No indica este versículo que debemos confesar los pecados?
Indudablemente debemos confesar los pecados como lo indica este versículo, pero esta epístola no fue escrita para los incrédulos. La palabra “nosotros” se refiere a los creyentes, lo cual muestra que fue escrita para los creyentes. Este libro menciona tres clases de cristianos: (1) los niños, quienes tienen la vida, (2) los jóvenes, quienes son fuertes, y (3) los padres, quienes tienen experiencia. Esta epístola es diferente a la de Romanos, pues está dirigida a los creyentes y su tema es la comunión. Si un creyente comete pecado, debe confesarlo; de lo contrario, su comunión se interrumpirá. Si desea restaurarla, debe confesar su pecado. Sin embargo, es erróneo decirle a un incrédulo que debe confesar sus pecados para ser salvo. El Espíritu Santo convence al hombre de pecado, de justicia y de juicio, y hace que crea en la obra que el Hijo de Dios realizó. Cuando una persona cree, sus pecados le son perdonados delante de Dios.
La condición para que Dios le perdone los pecados es la fe. No encontramos ningún pasaje en la Biblia que diga que un pecador debe creer y confesar sus pecados para poder ser salvo. Jesucristo ya efectuó la redención y todo aquel que crea el testimonio que Dios dio de Su Hijo, será salvo.

7. Creer y arrepentirse

Muchos dicen que la salvación depende del arrepentimiento, pero el libro de Romanos, que presenta la salvación con bastante claridad, no dice que ésta se obtiene por obra alguna. Juan es quien más claramente presenta el evangelio, y él no dice que la salvación se obtenga por medio del arrepentimiento. La salvación se obtiene por la fe, no por el arrepentimiento.
Entonces ¿es necesario el arrepentimiento? Según la Biblia, quienes creen, primero deben arrepentirse, y una persona salva también debe tener un arrepentimiento. Uno se arrepiente tanto antes como después de creer. Si una persona jamás tiene un cambio de actitud en lo que se refiere al pecado, a sí misma, al mundo y al Señor, no puede ser salva. La palabra arrepentimiento significa tener un cambio de mentalidad. Usemos un ejemplo. Una persona esta aferrada a algo antes de ser salva, pero después de ser salva se da cuenta que aquello ya no le interesa de la misma manera que antes; por lo tanto el arrepentimiento no es una condición para ser salvo, pero sí hace parte de la acción de creer y de la salvación misma.

¿Qué significa creer? Creer no significa acertar algunas doctrinas teológicas. Oír se refiere a escuchar enseñanzas, pero creer tiene que ver con Cristo. Leemos en Efesios 1:13: “En El también vosotros, habiendo oído la palabra de la verdad, el evangelio de vuestra salvación, y en El habiendo creído”. Oímos la palabra de la verdad, el evangelio, pero creemos en Cristo. Algunas personas dicen que creen, pero en realidad sólo están de acuerdo con las doctrinas, no han creído en Cristo. Otros tal vez se imaginen que han creído, pero jamás han llegado a conocer a Cristo. Estas personas no son salvas; por lo tanto, nuestra meta no es predicar doctrinas, sino conducir a las personas a creer en Cristo.

¿Qué significa creer en Cristo? En 1 Juan 5:9-12 vemos: “Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque éste es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de Su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de Su Hijo. Y éste es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en Su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida”. Por consiguiente, creer consiste en recibir el testimonio de que Dios dio a Su Hijo, y cualquiera que crea en Su Hijo, tiene vida eterna.

Nos regocijamos porque somos salvos creyendo y nada más. Debemos tener buenas obras, proclamar a Cristo, confesar nuestros pecados, arrepentirnos, ser bautizados y orar sin cesar para agradar a Dios. No debemos descuidar estas cosas y desagradar a Dios; sin embargo, no somos salvos por ellas, pues recibimos la salvación sólo por creer.

Sacado de Preguntas sobre el evangelio Cap. 43 por el hno W. Nee

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